Johanna Drucker. Graphesis. Visual Forms o Knowledge Production. Cambridge: Harvard University Press, 2014.

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Autora: Nuria Rodríguez

 

Nuria Rodríguez es Directora del Departamento de Historia del Arte de la Universidad de Málaga y responsable del área de Historia del Arte en la Escuela Politécnica Superior.
Diseñó y coordinó desde su implantación la asignatura de Estética y Diseño Industrial en el título de Ingeniería Técnica en Diseño Industrial de la Universidad de Málaga. Asimismo, también diseñó las asignaturas de Teoría y Estética del Diseño Industrial y Desarrollos histórico-culturales del diseño industrial en el nuevo Grado de Diseño y Desarrollo de Producto.
Es autora, entro otros textos, del Manual de Teoría y Estética del Diseño Industrial (Málaga, 2001) y el número monográfico de la revista Tradición & Modernidad en la cultura contemporánea (Universidad de Granada, 2010) dedicado a Estética y Diseño. Además, colabora con con Proyecta 56 desde sus inicios redactando artículos en cada entrega.

 

 

No hay duda, en la actualidad de la prevalencia del medio digital en los procesos asociados a la representación y distribución del conocimiento. Las ventajas derivadas de ello son muchas, como la rapidez para difundir el nuevo conocimiento generado o las posibilidades de llegar a grupos de personas más amplios, diversos y globales. Pero quizá uno de los aspectos más interesantes reside en la oportunidad que esta circustancia nos brinda para reflexionar sobre los mecanismos, estrategias y dispositivos visuales que utilizamos para producir, representar y distribuir dicho conocimiento, dado que el medio digital se caracteriza, fundamentalmente, por su naturaleza gráfico-visual. No por casualidad, la visualización de la información constituye hoy día una de las líneas más activas de investigación, análisis y aplicación -que abarca todo el espectro de disciplinas y áreas-, y que se materializa en una diversidad de formas (mapas y cartografías, timelines dinámicos, redes y grafos, nubes de etiquetas, etc.)

Pues bien, a reflexionar sobre cuestión dedica Johanna Drucker su último y lúcido ensayo: Graphesis. Visual Forms of Knowledge Production, publicado por el MetaLab de la Universidad de Harvard . Johanna Drucker es Breslauer Professor of Bibliographical Studies en el Departamento de Estudios de la Información de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA). Sus investigaciones se centran en la teoría crítica de la cultura, los estudios visuales y las humanidades digitales, además de ser diseñadora gráfica y haber producido libros de artistas. Este último ensayo forma parte de una larga trayectoria investigadora y crítica dedicada al análisis de las formas visuales, que se remonta a su primer libro, Theorizing Modernism: Visual Art and the Critical Tradition, publicado en 1994. Para construir la teoría que desarrolla en Graphesis, Johanna Drucker se apoya en una también larga y consolidada tradición académica de estudios dedicados al análisis de las formas visuales de representación y conocimiento, pero en su análisis opera un salto cualitativo importante, que es el que voy a tratar de explicar a continuación.

El propósito principal de Graphesis es, justamente, definir y sistematizar qué es Graphesis, un nuevo ámbito de actuación e investigación que emerge de la necesidad de reflexionar críticamente sobre formas de conocimiento distintas de las que han sido objeto de atención por parte de la tradición occidental: la lingüística y la numérica. Según la definición de Johanna Drucker, Graphesis es el estudio de la producción visual de conocimiento (”study of the visual production of knowledge”). Dicho con otras palabras, Graphesis se orienta al análisis de los principios por los cuales las formas visuales se organizan para la producción de sentido. Es por ello que el texto de Johanna Drucker se convierte en la delineación histórica de estos principios y sus transformaciones.

Varias consideraciones se desprenden de este planteamiento. En primer lugar, la propia dimensión histórica. Aunque es cierto que la expansión y prevalencia de las interficies digitales han tenido mucho que ver con este renovado interés por las formas visuales, la producción gráfico-visual de conocimiento se remonta a la Antigüedad, desde el momento en el que hombre siente la necesidad de registrar la sucesión del tiempo, la división y configuración del espacio o las cuestiones de carácter contable y administrativo. Por tanto, el análisis de Johanna Drucker, como el de Graphesis, abarca un rango temporal muy amplio, lo que nos permite entender estas formas visuales en su historicidad. Esto ya es en sí mismo muy relevante, por dos cuestiones: por una parte, inserta en un hilo de transformación y reelaboración continua las visualizaciones que actualmente se identifican con las interficies digitales, es dicir, son una fase más de un proceso que es inherente al ser humano: registrar y representar el conocimiento; por otra, hace factible el análisis de las formas nuevas y las del pasado desde una perspectiva comparativa (lo que Katherine Hayles ha denominado Comparative Media Studies), lo cual resulta sumamente fructífero para desarrollar nuevos modelos interpretativos sobre aquello que constituye nuestras tradiciones culturales y cognitivas.
La segunda consideración importante que se desprende de la definición de Graphesis es el salto cualitativo que implica hablar de “producción” y no solo de representación. Aquí reside uno de los aspectos esenciales del análisis de Drucker y, a mi modo de ver, una de sus contribuciones principales: hacer evidente la dimensión epistémica y heurística que en sí mismas tienen las formas visuales. ¿Qué quiere decir esto, en lo que Johanna Drucker insiste de manera reiterada a lo largo de su estudio? Que estas formas visuales no solo “representan” una información o un conocimiento que preexiste a ellas, sino que, por una parte, lo construyen, de tal modo que este conocimiento gráfico-visual está condicionado por las formas utilizadas en su materialización, de las que, por tanto, no se puede disociar; y por otra, lo generan, esto es, tienen capacidad para producir nuevo conocimiento a partir de las formas gráficas utilizadas. En este sentido, Drucker establece una diferenciación fundamental entre formas representativas y formas generativas (aquellas que generan conocimiento).

Las formas visuales no solo “representan” una información o un conocimiento que preexiste a ellas, sino que, por una parte, lo construyen, y por otra, lo generan

En consecuencia, no se puede analizar el conocimiento como un conjunto de ideas abstractas que se generan en nuestra mente y que, en un momento posterior, materializamos en una forma visual. Por el contrario, la dimensión gráfica forma parte de este conocimiento, y tiene que ser analizado como parte de él. Esto nos hace reflexionar sobre la dimensión formal en cuanto dispositivo activo de los procesos cognitivo-intelectuales; lo cual, a su vez, nos permite mirar desde otra perspectiva –como hace la propia Johanna Drucker- algunas de las producciones más interesantes del diseño gráfico del siglo XX.
Otra de las ideas fundamentales en torno a las que Drucker construye su teoría sobre la Graphesis es la naturaleza interpretativa de las visualizaciones, que conecta con su propuesta de superar los regímenes de la representación, esto es, aquel modo de pensar las visualizaciones como simples representaciones de datos o informaciones. Drucker afirma –y demuestra- que toda visualización lleva embebida, en su propia estructura y configuración formal, una cosmovisión del mundo, una manera de entender la realidad, un conjunto de asunciones y convenciones, que son las que caracterizan una determinada cultura o sociedad; asimismo, que toda visualización implica una interpretación, esto es, una manera de entender el aspecto de la realidad sobre el que trata.

Esta idea tiene múltiples implicaciones. Por una parte, la mirada nueva y radicalmente crítica que proyecta sobre las formas visuales que históricamente hemos utilizado para representar el conocimiento, pues nos confronta con materiales que requieren de interpretación, esto es, que nos exigen mirar más allá de lo que representan para tratar de dilucidar cuáles son las condiciones sociales, políticas y culturales que subyacen a esas formas de visualización, y que las explican. A su vez, nos hace conscientes de que estas visualizaciones son construcciones culturales, esto es, que no son los modos “naturales” para representar determinados fenómenos o conocimientos, sino que derivan de una determinada concepción del mundo y de una determinada episteme cultural. Lo que sucede es que, al tenerlas tan interiorizadas y estar nuestras estructuras cognitivas tan modeladas por ellas, su carácter construido, histórico y cultural se nos pasa desapercibido. Así pues, un calendario, a través del cual representamos –y controlamos- el devenir del año; y una carta de navegación marítima, a través de la cual racionalizamos la geografía del mar en virtud de unos propósitos determinados, son solo opciones posibles para representar el tiempo y la extensión de mares y océanos. La misión de la Graphesis, desde esta perspectiva, es mirar el trasfondo y ver qué asunciones y convenciones se encuentran implícitas en estas visualizaciones. De este modo, el análisis de Drucker se convierte en un ejemplo paradigmático de la utilidad de utilizar el digital turn como horizonte crítico, pues al proyectar las transformaciones digitales del presente para comprender el pasado, se expande la manera en que comprendemos e interpretamos aquello que ha constituido hasta ahora nuestras tradiciones culturales, intelectuales y epistémicas.

Naturalmente, esta mirada crítica y -podríamos decir- deconstructiva ha de aplicarse también cuando se analizan las interficies digitales. Así pues, esta perspectiva nos hace reflexionar sobre los discursos que subyacen a determinadas interfaces gráficas, desde los portales web hasta los videojuegos, y nos ayuda a liberarnos de la falsa imagen de la interficie como ventana que nos devuelve una imagen neutra y transparente del mundo analógico o de las informaciones representadas. Toda interficie digital es una “textura” a través de la cual miramos, y esta “textura” condiciona y construye lo que miramos. Con esta idea, Johanna Drucker nos hace volver la mirada hacia la materialidad y formalidad de las modalidades de producción del conocimiento; pone el acento, precisamente, en aquello con lo que opera el diseñador gráfico, algo que, Johanna Drucker, como diseñadora gráfica que es, conoce muy bien.

El ejercicio crítico-interpretativo, que Drucker convierte de este modo en la metodología por antonomasia de la Graphesis, implica también introducir en este análisis el pensamiento humanístico como vector esencial, dado que es precisamente la naturaleza interpretativa –y no demostrativa- la que lo define.

Y de aquí deriva otro hilo de reflexión dual: por una parte, como he indicado, la necesidad de desarrollar formas de pensamiento humanístico –o interpretativo- desde el que analizar las visualizaciones; y por otra, la necesidad de inventar formas visuales para el conocimiento humanístico.

Como recuerda Drucker, el conocimiento humanístico, de naturaleza interpretativa, se define por su relación inherente con un sujeto (subjetividad) y con un contexto (es situado y localizado), y por su carácter ambiguo, impreciso y discontinuo. No discute aquí Drucker la legitimidad o validez del conocimiento humanístico, de las que no existen dudas, sino que toma conciencia de sus diferencias respecto del conocimiento científico-técnico, basado en parámetros de demostración, objetividad, certeza y universalidad. En el pensamiento humanístico siempre hay un margen para la incertidumbre, la ambigüedad y la subjetividad. El reto intelectual, pues, de nuestra sociedad contemporánea, fundamentalmente visual y cada vez más condicionada cognitivamente por las interficies digitales, es generar nuevas formas visuales que sean capaces de materializar el conocimiento humanístico. Una cuadrícula, por ejemplo, no deja margen a la incerteza o a la discontinuidad, porque todos y cada uno de sus casilleros está dispuesto para albergar un ítem de información.

Se pregunta Drucker,

¿es, entonces, una cuadrícula una forma visual apta para responder a las necesidades del conocimiento humanístico?

La respuesta es no. La Graphesis también se orienta a dar respuesta a este reto, y es aquí donde el trabajo entre diseñadores gráficos, expertos en visualización de la información y humanistas puede dar unos frutos inestimables, reinventando, para el futuro y para las próximas generaciones, las modalidades de producción visual de conocimiento.

De cómo el digital turn nos hace reflexionar sobre las formas visuales del conocimiento
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