oscarveradelarochaDiseñador de producto nacido en Barcelona en 1976 que empieza su carrera en el año 2000 en el Tallerdesign Ricardo Bofill trabajando para empresas como Tesa, Plastic Omnium, Philips o Figueras.
En 2004 crea junto a Ferran Serra el estudio SerraydelaRocha, trabajando para marcas como Pando, Roca Sanitarios, Sancal, Metalarte o Estiluz, y ganando varios premios como el Iplus 2009, Gidi 2010, varias selecciones AEDP y siendo seleccionado a los premios Delta en alguna ocasión.
Su trayectoria le lleva a la dirección artísticas de marcas como Calma, Roselson o 666Barcelona hasta que, en el año 2012, se convierte en director de diseño de la empresa Vondom para desarrollar productos para Karim Rashid, Ross Lovegrove, Fabio Novembre, Eero Aarnio, Stefano Giovannoni o Eugeni Quitllet entre otros. Define su estilo como meticuloso y sutil, en búsqueda de una practicidad poética e innovadora y apasionado por el plástico. Actualmente combina su trabajo como director de diseño en Vondom y su propio estudio en Barcelona donde realiza proyectos puntuales muy selectos y colabora con prensa en artículos de opinión sobre el diseño.

Llevamos ya unos cuantos años inmersos en una profunda crisis global del sistema. Un sistema que hasta hace muy poco se basaba en valores como el éxito, el poder, el crecimiento ilimitado, el más y más…Todo ello, bajo el techo de lo que los políticos llamaron “estado de bienestar”, nos llevaron hacia una sociedad materialista, egoísta, donde lo importante era tener más que el vecino, no sólo eso, además debíamos mostrarlo. Un coche grande, si puede ser 4×4 mejor, y cuanto más consuma y contamine aún mejor. Una casa con dos baños, uno suite y con hidromasaje mejor que mejor. ¡Si es dúplex ideal!, con parking y trastero, calefacción,… ¿Mis hijos? Que estudien, y carrera universitaria, y un postgrado como mínimo,…y ¿Por qué no un Master? ¿O dos? no vaya a ser que tenga menos estudios que el vecino de abajo.

Eso es lo que a los de mi generación nos fueron inculcando poco a poco, desde la escuela, desde la tele, desde la publicidad,…un camino hacia un éxito basado en la apariencia. Un mundo glamuroso y de ostentación, donde lo importante era estar estupendo y guapo.

Dentro de esta sociedad consumista, el diseño fue una gran herramienta a finales de siglo XX para canalizar estos valores, creando un mundo de productos de culto. Grandes marcas trabajaron a fondo su imagen, comunicación y diseño para destacar, para marcar una diferencia, para marcar un status. El diseño ya no era solucionar un producto, mejorarlo o buscar una función…, el diseño pasó a ser algo simplemente formal, superfluo. Una simple manera de diferenciarse de la competencia. Diseños pretenciosos, incluso inútiles y de poca duración en el tiempo.

Han sido unos años donde lo importante era tener lo último: debías tener el último modelo Iphone, aunque el conector no fuera igual que el anterior y tuvieras que pagar 30 euros más en el cable. Debías tener un 4×4 Cayenne, o en su defecto un Tuareg, aunque nunca vayas a pisar una pista de montaña y contamines el doble que con un turismo de carretera. Una sociedad del consumo desc arnado y de la obsolescencia programada.
Todo eso se ha acabado. Gracias a Dios, o gracias a la crisis, la gente piensa antes de comprar algún producto. ¿Para qué lo voy a querer? ¿Qué uso le voy a dar? ¿Cuánto me va a durar?

Afortunadamente, los tiempos están cambiando. La ostentación ya no se lleva, y eso también se nota en el mundo del diseño. Hoy, un buen diseño ya no es esa pieza puramente estética. Hoy, el buen diseño radica en una buena solución que resuelve un problema. Un diseño basado, además de en su imagen, en la mejora de la función, el coste, o cualquier otro valor del producto. Porque al final, la estética no deja de ser algo subjetivo, mientras que la funcionalidad es algo tangible. Conceptos como la calidad, la fiabilidad, o la practicidad vuelven a estar en valor. La gente está harta de comprar impresoras muy chulas y a un precio muy asequible pero que a los dos meses dan problemas o en las que la tinta es más cara que la propia impresora.
En el sector del bebé existen infinidad de ejemplos de productos inútiles. Un caso muy evidente está en los cochecitos de bebé, una gran mayoría con infinidad de complementos y accesorios totalmente prescindibles, como por ejemplo los frenos de disco.

¿Es necesario? ¿No es simplemente encarecer el producto bajo una pseudo mejora respecto a la competencia?

Existen sin embargo otros productos a los que quiero hacer hoy un homenaje. Los productos cotidianos, con los que convivimos a diario, que están ahí, en cualquier rincón de una casa, impasibles al paso del tiempo, pero sin los cuales se nos haría extraño vivir como por ejemplo el cubo de fregar, un producto discreto, sencillo, sin aires de grandeza, pero a su vez práctico, fiable, honesto. Un cubo de fregar. Un producto detrás del cual existe un desarrollo y diseño en el sentido más amplio de la palabra.

El que aquí os presento, integra un nuevo sistema patentado de escurridor automático que permite un escurrido total ejerciendo muy poca presión, ideal para personas de edad avanzada y/o con problemas de movilidad. Además integra un sistema de ruedas integradas para facilitar su movilidad.
Un producto que se ha concebido bajo esas premisas: funcionalidad y depuración, donde nada sobra y nada falta, sin elementos superfluos, en búsqueda de la máxima honestidad formal y la mejora funcional respecto a sus competidores.

Un segundo ejemplo en esta misma línea es la fuente Play, diseñada para Escofet. Una pieza sobria, de aparente sencillez y pureza formal, bajo la que se esconde una gran innovación en el uso del material, consiguiendo un producto mucho más ligero respecto a sus competidores, facilitando su instalación, simple, al hacerse todo en una sola pieza, y ecológico, al fabricarse en PE 100% reciclable y reciclado. En definitiva, un diseño basado en su función y uso. Su estética de líneas sencillas, sin ornamentos, la hacen atemporal.
Creo que este es el camino hacia el cual debe ir el diseño de producto.

“La soberbia, la ostentación y el aparentar ya no están de moda en esta sociedad que, mucho más madura que hace una década, sabe que antes que nada, detrás de un producto bonito, de una primera impresión debe de haber un buen fondo”

OSCAR-VERA-DE-LA-ROCHA-PARA-PROYECTA-56

 

 

Diseño honesto o diseño ostentoso
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