NURIA_Rodríguez

Autora: Nuria Rodríguez

Nuria Rodríguez es Directora del Departamento de Historia del Arte de la Universidad de Málaga. Responsable del área de Historia del Arte en la Escuela Politécnica Superior. Diseñó y coordinó desde su implantación la asignatura de Estética y Diseño Industrial en el título de Ingeniería Técnica en Diseño Industrial de la Universidad de Málaga. Asimismo, diseñó las asignaturas de Teoría y Estética del Diseño Industrial y Desarrollos histórico-culturales del diseño industrial en el nuevo Grado de Diseño y Desarrollo de Producto. Es autora, entro otros textos, del Manual de Teoría y Estética del Diseño Industrial (Málaga, 2001) y el número monográfico de la revista Tradición & Modernidad en la cultura contemporánea (Universidad de Granada, 2010) dedicado a Estética y Diseño.

Asumiendo la diversidad y multiplicidad de las definiciones y conceptualizaciones, que existen sobre Nuria Rodríguez, Directora del Departamento de Historia del Arte. Universidad de Málaga el diseño, Nuria Rodríguez reflexionará sobre la complejidad implícita en esta noción desde su doble perspectiva: como concepto e idea, y como palabra, a fin de dilucidar cuáles son los condicionamientos que operan en su comprensión contemporánea.

Resulta difícil enunciar una definición unitaria del diseño industrial. La complejidad y ambigüedad de sus significados, manifestaciones, ideas y conceptualizaciones hace muy ardua la tarea de precisar o delimitar lo que sea el diseño industrial. A mi modo de ver, la mejor manera de hacerlo es asumiendo la diversidad de ideas como parte de su propia naturaleza; de su propia realidad como fenómeno poliédrico. Esto es, en vez de considerar la multiplicidad de significaciones como un problema tendente a la equivocidad, puede resultar más efectivo entender esta pluralidad como una de sus riquezas y como parte de su idiosincrasia.

Son cinco fundamentalmente los significados que en la actualidad se le confieren al término ‘diseño’. Empecemos por aquí.

1. En primer lugar, el Diseño constituye una disciplina específica del conocimiento especializado que de manera progresiva ha ido consolidando su propio aparato epistemológico y metodológico, y afianzando su presencia académica.

2. En segundo lugar, el diseño es una praxis proyectual y productiva; esto es,una actividad basada en un ejercicio de ideación y planificación que busca la consecución de un resultado concreto (físico o intangible) con vistas a su uso y disfrute por parte de potenciales usuarios finales; y con la finalidad de existir y funcionar en un contexto concreto.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAPor lo general, este ejercicio proyectual está guiado por el principio de adecuación, eficacia y efectividad, y se dirige a la resolución de determinados problemas y/o a solventar necesidades humanas de muy diversa naturaleza. Desde este punto de vista, la noción de diseño es amplísima, pues prácticamente lo abarca todo (diseño arquitectónico, urbano, gráfico, intangibles, flujos, diseño estratégico, etc.) Esta idea de diseño nos retrotrae a los orígenes mismos de la especie humana, en tanto en cuanto la actividad de diseñar, es decir, la capacidad de adecuar los recursos y materiales existentes para resolver determinadas necesidades y problemas,  es consustancial al ser humano como mecanismo de supervivencia.

Esta idea nos liga, pues, con el concepto antropológico del diseño. Pero también con el denominado ‘Pensamiento de diseño’ (Design Thinking), una metodología utilizada por las empresas como parte de su política estratégica y considerada base de los nuevos procesos de innovación, que está fundamentada precisamente en el modo como los diseñadores encuentran soluciones a los problemas a los que se enfrentan.

3. En tercer lugar, el diseño es también el resultado de esta actividad proyectual. Así, decimos que tal o cual objeto, producto, sistema, imagen, planificación… tiene un diseño muy eficaz o muy bien resuelto.

4. En la actualidad, el diseño es también un índice de calidad a distintos niveles. Consignar que determinados productos son ‘de diseño’ implica conferirles un estatuto de calidad: de eficiencia e innovación tecnológica; o de cuidado estético.

5. Esto nos lleva a la última de las derivaciones semánticas que el término diseño ha experimentado en los últimos tiempos, resituando al diseño en un nuevo orden conceptual: el del valor axiológico y ontológico, en la medida en que el ser ‘de diseño’ parece marcar una determinada manera de ser de los objetos. Desde este punto de vista, la noción de diseño adquiere un valor diferencial: no todo lo que se produce, tenga o no tenga éxito comercial, se reconoce como obra ‘del diseño’. Así pues, el término diseño conlleva también una valoración axiológica, una capacidad clasificatoria de los objetos por la cual unos productos son diseños y otros no lo son (Cfr. Calvera, 2010); pese a que, en este proceso de ontologización, no se sepa todavía muy bien en qué consiste ese ser ‘de diseño’.

file000542098537Junto a estos conceptos que se asocian al término ‘diseño’, me interesa destacar una idea específica que vincula consustancialmente el diseño a un factor de cualificación estético-formal. Desde este punto de vista, lo estético se nos presenta como parte inherente del concepto de diseño; parte constitutiva de su naturaleza y atributo de su definición. Esto implica que la estética sea una materia fundamental para comprender, definir e interpretar la naturaleza y el ser del diseño, y  que cuando utilicemos el vocablo ‘diseño’ como caracterizador de determinados objetos, nos estemos refiriendo a su dimensión estética. Otra cosa es cómo se entienda esa dimensión estética: si subsidiaria y accidental, o constitutiva y estructural. Volveré sobre ello más adelante.

Esta correlación entre diseño y estética es la que sitúa la actividad del diseño en un estadio cualitativamente diferenciado respecto de otras actividades proyectuales y otras ingenierías, en cuyo trabajo la forma es solo la resultante del ejercicio proyectual sin más, y este no tiene una relación directa e inmediata con el usuario final. De hecho, entre otras, es función del diseño el crear la interfaz o el lazo de conexión con el usuario.

Con todo, esta correlación estética-diseño es también la que ha propiciado una visión reduccionista de este –entre otras cosas, porque muchas veces así se ha practicado-; una visión puramente formalista que entiende el diseño como un simple envoltorio superficial y decorativo; una carcasa o ropaje que se superpone subsidiariamente al objeto. Esta significación es, quizá, la que más interiorizada y asumida tiene la sociedad contemporánea cuando aplica de manera acrítica la etiqueta ‘de diseño’ para calificar objetos o imágenes que presentan rasgos puramente estilísticos, generalmente basados en la novedad y originalidad de su configuración formal, y conectados con las modas imperantes.

Por su parte, y en relación con el diseño industrial propiamente dicho, es necesario referir algunas de las transformaciones conceptuales que este ha experimentado en las últimas décadas en su relación con la noción de producto, pues esto nos lleva a plantear desde un punto de vista crítico la propia denominación ‘diseño industrial’, dado que, en sentido estricto, esta ya no se ajusta a la realidad que designa. No puedo realizar en este texto un examen exhaustivo y profundo de las causas que nos llevan a hablar de una cierta ‘debilidad terminológica’. Me limitaré a indicar algunas muy evidentes, para reflexionar a continuación sobre las consecuencias que esto conlleva para la conceptualización del diseño y su significación.

En primer lugar, hemos de pensar en el advenimiento de la sociedad posindustrial, con todo lo que ello implica de cambios en los procesos de producción, distribución y comercialización de productos. Si ya estamos en una sociedad postindustrial, ¿hasta qué punto es adecuado hablar de un ‘diseño industrial’ que nos remite a un contexto cultural y socio-productivo anterior? En segundo lugar, hay que tener en cuenta la hibridación como factor determinante de los nuevos procesos productivos, en los que procesos industriales convergen con otros que no lo son, y que comprenden desde la inclusión de procedimientos artesanales, hasta el desarrollo de productos por medios digitales. En este nuevo escenario, las características de la producción industrial han desaparecido de la comprensión del objeto: ni seriación, ni identidad, ni mecanización… aparecen como elementos necesariamente caracterizadores. Por ello, se han propuesto otras denominaciones, como ‘diseño de producto’ o ‘diseño objetual’. La primera de ellas, de hecho, se viene utilizando desde hace algún tiempo como sinónimo de diseño industrial. No obstante, y como sucede con todo cambio terminológico, este no es inocuo. ¿Qué lleva implicado, pues, el cambio de denominación?

OLYMPUS DIGITAL CAMERAEn la expresión ‘diseño industrial’, el adjetivo ‘industrial’ califica al sustantivo ‘diseño’; por tanto, las condiciones de lo industrial son la clave para comprender y definir qué es el diseño, y acota también su ámbito de actuación a un conjunto de objetos determinados, estableciendo su delimitación frente a otras especialidades del diseño (como puede ser el diseño gráfico, arquitectónico, de moda, etc.) En la expresión ‘diseño de producto’, el determinante ‘de producto’ es el que marca las condiciones del diseño. Lo importante no es ahora las condiciones de una tecnología en concreto, sino el ámbito del producto en su conjunto. Y el ámbito del producto comprende: el proceso de proyectación, los modos de producción –que podrán ser más o menos industriales-, la comercialización, la distribución, el marketing, el usuario y el contexto final al que se destina el producto. Por tanto, las condiciones del diseño se sitúan ahora en un rango de causalidad mucho más amplio, en el que intervienen más factores. El diseño no tiene que ver solo con el resultado final, o con el trabajo para conseguir un resultado final, sino que comprende todo el proceso.

La Comisión Europea (2009: 10) afirma al respecto: «design is an activity that follows a certain methodology and a number of steps — such as research, conceptualising, modelling, testin

Así pues, los estudios sobre diseño tienen que tener en cuenta todo el proceso, no solo el resultado final. En este sentido, Guy Julier (2010: 28-33) propone un modelo triádico en cuyos vértices se encuentran los diseñadores (creación), la producción y el consumo. Esto implica un cambio muy importante en el enfoque, no siempre entendido por los historiadores del arte que han contado su historia, ya que los procesos de creación, producción y consumo de los productos del diseño son distintos a los procesos de creación, producción y consumo de los objetos artísticos.

Además, cuando hablamos de ‘diseño de producto’ no solo nos estamos refiriendo al campo de los objetos tridimensionales, sino a todo aquello que puede considerarse ‘producto’ conformador de la vida cotidiana de las personas. Así lo define Slack (2007: 6): «Product design o design del prodotto è un´espressione ambigua che sfuma i confini tra settori specialistici quali l´illuminazione, l´arredo, la grafica, la moda e il design industriale […] Product design è un termine generico che indica la creazione di un oggetto a partire da idee espresse con disegni, schizzi, prototipi o modelli e attraverso un processo che si estende fino alla produzione, alla logistica e alla commmercializzazione dell´oggetto stesso».

Hay otro factor importante que incide en el concepto de diseño de producto y su planteamiento: la importancia estratégica que en la sociedad contemporánea ha asumido el diseño. El diseño, además de proceso y de producto, se ha convertido en un agente estratégico de innovación y desarrollo: un producto «bien diseñado» conlleva un valor añadido capaz de ofrecer una posición diferenciada en un mundo gobernado por la competitividad.

La nueva definición de diseño que ha dado el ISCD (Industrial Council of Societies of Industrial Design) es muy ilustrativa al respecto: «Design is a creative activity whose aim is to establish the multi-faceted qualities of objects, processes, services and their systems in whole life cycles. Therefore, design is the central factor of innovative humanisation of technologies and the crucial factor of cultural and economic exchange». (ICSID website 14.11.2008).

Y esta definición es más ilustrativa si cabe si la comparamos con la definición que hasta hace poco había sido la convencional del diseño, la que el mismo ICSID formuló en 1979 a instancias de Tomás Maldonado: «aquella actividad proyectual que consiste en determinar las propiedades formales de objetos producidos industrialmente» ,entendiendo por «proyectar la forma» no solo la apariencia externa, sino el proceso de coordinar, integrar y articular todos aquellos factores que, de una manera o de otra, participan en el proceso constitutivo de la forma del producto. En esta definición ya se advertía la necesidad de pensar el diseño como producto de un proceso complejo, pero este quedaba radicado todavía a la concreción formal de un objeto.

En relación con el nuevo papel que se le confiere al diseño como factor estratégico de desarrollo, el diseñador tiene ahora más que nunca que adoptar una actitud innovadora que, por otra parte, sea capaz de conectar con las tendencias sociales (hay que tener en cuenta que, en definitiva, es el usuario y la sociedad los que adquieren y utilizan los productos, los que dan su aprobación última). Así pues, la idea está mucho más cercana a la que se gestó en Estados Unidos en la década de los años veinte que a la utopía social-democrática del Movimiento Moderno, porque ahora la calidad no viene dada por la perfección del objeto per sé, como abstracción de una idea de perfección, sino en su relación con el usuario, y especialmente en su relación psicológica, social y emotiva, y en su capacidad para innovar en un contexto socio-productivo altamente competitivo.

En un mercado global, con estándares de calidad funcional muy similares, lo que marca la diferencia entre un objeto u otro es su capacidad para conectar con el usuario. Y los consumidores no suelen compran en términos absolutos de utilidad o calidad funcional, sino guiados por la satisfacción de sus gustos, sus deseos, sus expectativas. Compran aquello que les gusta o que les atrae (cfr. Morace 1993 y 2005). Corolario último de este recambio conceptual es el lugar clave del usuario

final como definidor de las políticas de diseño. La innovación y la situación estratégica del producto coloca al usuario final como nunca antes en el primer plano del proceso, en el punto de partida: se trata de satisfacer sus exigencias, demandas, necesidades o ser capaz de conectar con sus expectativas de objetos nuevos. La calidad se encuentra ahora en satisfacer ‘los deseos’ del usuario. La ergonomía emotiva o la funcionalidad lúdica son claros ejemplos.

file6451250644749Y lo que primeramente hace que un objeto sea más deseable que otro es su cualidad estética, el gusto que nos causa (Fusco, 2005: 15). Así pues, la estética sigue siendo elemento definidor consustancial del diseño, pero además ahora se sitúa también como parte de su definición estratégica. Su reto, en este nuevo escenario, es no quedarse en la epidermis del atractivo aparencial, como así se desprende de la ley de protección jurídica del diseño industrial (BOE 162, 8 de julio de 2003), que entiende por diseño industrial lo siguiente: «la apariencia de un producto o de una parte ligada a las características de línea, color, forma, textura o materiales del producto en sí o de su decoración. Se excluyen aquellas características de la apariencia del producto dictadas o derivadas directamente por la función técnica […]»

La Comisión de la Comunidad Europea, en el documento Design as a driver of usercentred innovation (2009), maneja una misma idea. De sus definiciones e indicaciones se deduce que la estética es un factor del diseño, pero distinto y diferenciado de sus otras dimensiones: «Design is a holistic approach which allows a range of considerations beyond aesthetics to be taken into account, including functionality, ergonomics,usability, accessibility, product safety, sustainability, cost and intangibles such as brand» (2009: 11).

Sin embargo, hay otro modo de entender la estética del diseño: como condiciónnecesaria del proceso de diseño y como parte constitutiva y estructural del objeto, no adventicia o coyuntural. (Cfr., entre otros, Bonsiepe, Carmagnola, Welsch, Calvera). Tomar partido por esta premisa epistemológica implica pensar el diseño de otro modo, en la medida en que la estética no se puede desvincular del ser del objeto y de su naturaleza, ni tampoco de su proceso de conformación -el proyecto-, formando un todo unitario y articulado con sus otras dimensiones (función, significados, vinculación social, etc.), de las que no se puede desligar, y en conjunción con las cuales tiene que ser analizada e interpretada.

Bibliografía:
- CALVERA, A. (2010). “En torno a una posible estética del diseño: hipótesis de partida y cuestiones de fondo”, en RODRÍGUEZ ORTEGA, N. (ed.). Estética y diseño. RevRevisiones en el marco de la cultura contemporánea. Número especial de la revista HUM36. Papeles de cultura contemporánea, n. 11, 2010: 11-15.
- DE FUSCO, R. (2005). Historia del diseño. Barcelona: Santa & Cole.
– Design as a driver of user-centred innovation. Documento de trabajo preparado por la Comisión de la Comunidad Europea y difundido en abril de 2009. Disponible e en:http://ec.europa.eu/enterprise/policies/innovation/files/design_swd_sec501_en.pdf [Consulta: diciembre 2013].
- JULIER, G. (2010). La cultura del diseño. Barcelona: Gustavo Gili.
– Ley20/2003, de 7 de Julio, de Protección Jurídica del Diseño Industrial, BOE núm. 162, 8 de julio de 2003, pp. 26348-26368.
- MORACE, F. (1993). Contratendencias. Una nueva cultura del consumo. Madrid: Celeste Ediciones / Experimenta Ediciones de Diseño.
– MORACE, F. (2005). 15 scenari e le 10 tendeze delle domesticità e dell´abitare. Milano: Libri Scheiwiller.
– SLACK, L. (2007). Introduzione al Product Design. Modena: Logos. (What is product design?, RotoVision SA).
“Diseño industrial: idea y vocablo. Otra vez”
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2 Responses

  1. josé manuel mateo

    Hola Nuria,

    Tan solo decir que me ha gustado muchísimo el artículo. He de decir que personalmente entiendo de diferente forma algunas ideas expuestas aunque la finalidad o la conclusión viene a ser la misma.

    La verdad es que ha sido una grata sorpresa y espero poder seguir disfrutando de más lecturas suyas.

    Un saludo!

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    • Nuria Rodríguez Ortega

      Estimado José Manuel: Le agradezco la amabilidad de sus palabras y me alegra que las reflexiones que propongo en mi texto le hayan resultado interesantes.

      Sería estupendo si pudiésemos utilizar esta plataforma para dialogar e intercambiar ideas sobre la diversidad de concepciones de diseño que existen actualmente. Un concepto tan complejo y tan rico nos brinda una excelente oportunidad para mantener un debate abierto.

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