Son muchas las definiciones que han surgido por entendidos y profesionales han dado de ECODISEÑO, esa palabra de la que todos hablan pero pocos parecen comprender a la perfección.

Una definición general de esta metodología nos dice que el ecodiseño es la metodología que considera acciones orientadas a la mejora ambiental del producto o servicio en todas las etapas de su ciclo de vida, desde su creación en la etapa conceptual, hasta su tratamiento como residuo. En esta definición pueden caber todas y cada una de las premisas que numerosos autores, profesionales, editoriales y estudiantes utilizan para definir lo que para muchos es una disciplina. Porque del ecodiseño se dicen muchas cosas, se dice que ecodiseñar es:

  • Ahorrar energía
  • Reducir los emisiones al medio ambiente
  • Diseñar para el desmontaje
  • Evitar el uso de materiales diferentes y disminuir la cantidad de cada uno de ellos
  • Favorecer el reciclaje y la reutilización de productos
  • Usar materiales reciclados
  • Integración de la función
  • Inspiración en la naturaleza
  • Garantizar unos proceso de fabricacion responsables
  • Garantizar un buen acabado del producto
  • Permitir la reparación de los mismos
  • Garantizar la durabildad de las cosas
  • Establecer un carácter atemporal al objeto
  • Rechazar obsolescencia programada

El problema es que aunque todo esto sea cierto y necesario, seguir la metodología del ecodiseño teniendo en cuenta algo en lo que casi todos estamos de acuerdo: “diseñar es  resolver problemas de la sociedad”, resulta quizás absurdo. ¿Por qué? No me entendais mal, no estoy en desacuerdo con ninguna de estas premisas, pero, si el diseño industrial es resolver los problemas de la sociedad a través de productos que deberán ser producidos de forma industrial… ¿No podemos incluir la contaminación y el mal trato al medioambiente que supone la producción de la inmensa mayoría de los productos con los que interactuamos diariamente? Resulta algo más que evidente que la contaminación medioambiental es un problema de todos, y por ende, del consumidor que usa cada uno de los productos que, a priori, han sido o deberían haber sido diseñados por un diseñador industrial. La contaminación medioambiental es, desde mi punto de vista y desde el de otros tantos, el mayor problema de la sociedad, y por consiguiente, de la empresa.

Desgraciadamente, algo que al principio parece ser tan complejo y tan dificil de entender, no debería ser otra cosa que “indispensable”. Son muchos los diseñadores que ven el ecodiseño como una palabra decorativa que muchos ponen en su curriculum, como algo que realmente no les aporta beneficios, y muchos los que te preguntan si el cliente realmente “contrata” el ecodiseño: ¿Realmente vende el ecodiseño?

Una cosa es clara, y desde mi escaso conociemiento en la materia lo digo, si no vende, no vamos a ninguna parte, pero ya no como diseñadores, ya no como profesionales, sino como individuos que necesitamos de un sustento económico, como personas.

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Lámpara compuesta por dos botellas de agua, prácitca realizada por los asistentes al taller “Diseña tu mobiliario”, impartido por Proyecta 56.

Nuestra profesión, debido a su naturaleza, debe ser una de las que tenga más en cuenta el medio ambiente. No podemos diseñar por diseñar, pues a nosotros nos podría ir muy bien, pero a nuestros hijos, nuestros nietos… nuestras generaciones futuras ¿que será de ellas en un planeta con productos “estupendos” sin poder salir a la calle sin miedo a respirar contaminación? No podemos hacer que vean en el diseñador industrial a una persona que en el futuro se va a acabar cargando el medio ambiente. No podemos permitir que nos achaquen la obsolescencia programada, que realmente, nos compete a nosotros, guiados tal vez, por las empresas que nos contraten. Diseñamos para solventar problemas, pero también preocupaciones. Debemos inculcar en aquellas empresas que renieguen de todas y cada una de estas premisas un poco de sentido común. Debemos convencerlas, sin ya necesidad de hablar de ecodiseño ni de diseño sostenible, de que diseñar respetando el medio ambiente es diseñar aplicando estrategia. Es ayudar a nuestros descendientes, pero también, es una estrategia de ventas.

Los problemas y las preocupaciones de la sociedad son muchos, por lo que cada vez son más los clientes que reclaman productos responsables con el medio ambiente, y es en la fase de diseño donde se predice el 80% del impacto ambiental.

Ya en Reino Unido, en 1986, el Design Council tomó la iniciativa con una exhibición llamada The Green Designer (El Diseñador Verde). En la exhibición, que planteaba un conjunto de requerimientos que las tecnologías, tanto de procesos como de productos, debían cumplir, se mostró un importante número de productos, desde pequeños sensores para prevenir accidentes en plantas de materiales peligrosos, hasta cocinas solares para ser utilizadas en países en desarrollo (Elkington, 1986).

Casi 30 años después, algunas empresas hablan de ecodiseño como una metodología, yo lo hago, como una estrategia para la empresa y una necesidad para todos.

Dar al producto un carácter atemporal y garantizar su durabilidad puede ser algo que incite a nuestros clientes (empresas) a NO contratarnos. Debemos buscar la forma de, rechazando este concepto, garantizar la venta de los productos, pero también la necesidad de renovar los mismos para lograr que la empresa piense en nosotros. ¿Cómo hacerlo?

Una de las asistentes al taller “Diseña tu mobiliario”, trás realizar parte de la práctica, una lámpara con botellas.

Una de las asistentes al taller “Diseña tu mobiliario”, trás realizar parte de la práctica, una lámpara con botellas.

El diseño industrial es resolución de problemas, sí, pero desgraciadamente, hoy en día, son muchos los productos que cubren la necesidad de la sociedad. Si nos fijamos en cualquier producto, y muy especialmente en aquellos relacionados con la industria de los supermercados, cada vez son más los modelos y versiones diferentes de cada uno. Es por esto, por lo que también debemos considerar al diseño, como estrategia. Las empresas, deben establecer ciertas estrategias para poder sobrevivir, para lograr que su producto sea el elegido por el usuario. En esto, no solo influye el diseño gráfico de cada objeto, sino la estrategia de venta que, en muchas ocasiones, va ligada al diseño de productos. Es importante desarrollar proyectos completos. Sin parches.

En uno de los talleres impartidos por Proyecta 56 durante este último trimestre del año, se le plantó al alumnado, una pequeña práctica individual para trabajar con diseño y estrategia. En esta actividad, el alumno, con dos botellas de plástico debía desarrollar una lámpara. Con ello, dimos pie a un pequeño debate, en el que tratamos la posibilidad de “alargar” la vida útil del producto, haciendo que éste pudiera convertirse en otro. Haciendo que el propio consumidor construya su segundo producto. ¿Acaso no compraríamos unas botellas con unas marcas que más adelante podríamos convertir en una lámpara? Ésta es una forma, de lograr que un objeto con un tiempo de uso muy corto, pueda incrementar su “esperanza” de vida cierto tiempo. Algo que puede convertirse en una estrategia de ventas para la empresa, en un valor diferenciador para un producto con cada vez más competencia. Un supermercado nos ofrece multitud de marcas y modelos diferentes de botellas.

Diseño y estrategia
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Maria Alonso