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Autor: Ignacio Urbina

Ignacio Urbina Polo es diseñador industrial especializado en Biónica con Master en Ingeniería de Productos por la Universidad Federal de Santa Catarina. Con más de 25 años de experiencia profesional, ha realizado proyectos de señalización, objetos, exhibiciones y productos para empresas e instituciones tanto públicas como privadas.
Ha sido docente en Prodiseño – Escuela de Comunicación Visual y Diseño de Caracas- llegando a ser Director General de la Escuela en el año 2003.
Es miembro del Comité Asesor de la BID desde 2007 y Project Leader en el Interdesign Monterrey TEC – ICSID 2009. Fue jurado Internacional del IF Brasil 2011 y del Observeur du Design Francia 2013.

Urbina publica artículos en periódicos y revistas especializadas, es editor de DIconexiones y profesor asociado en Pratt Institute, NY.


 

 

E¿Para qué comprar un objeto nuevo si puedo reparar el que ya tengo o, en última instancia, hacerlo yo mismo?. Las decisiones frente a este dilema, en términos económicos y ambientales, podrían minimizar de manera drástica los nocivos efectos producidos por el consumismo. Nuevos modelos de consumo han surgido a partir de acciones que provienen de una actitud de la gente frente a los medios de producción y la sociedad. Una postura frente a esos grupos humanos que, según el profesor Alfredo Gutiérrez Borrero, llamar de sociedad “es una imposición que favorece a quienes inventando el rol de socios pueden aportar capital al club”.

El DIY, un acrónimo que proviene de la siglas en inglés do-it-yourself (hazlo tu mismo), se ha propagado en los últimos años como una endemia. Básicamente se trata de un “método” de construcción, modificación o reparación que no necesita de la ayuda de expertos o profesionales. Aunque hay indicios sobre la construcción de edificaciones griegas en la región de Sicilia, sur de Italia, donde artesanos y maestros se sirvieron de meticulosas guías de ensamblaje para erigir estructuras, la construcción material se hacía, y todavía se hace, con la asistencia de un plano, ese mapa instructivo que realiza un especialista. Esto se apega a una particular, contemporánea e insuficiente definición del diseño que hace el teórico australiano Dr. Terence Love:

“Un diseño es un conjunto de instrucciones de cómo hacer algo. Un diseño es una especificación”

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DYI Survival kit, 2014. Theo Ferlauto

 

Las ideas del “hágalo usted mismo” han estado, desde principios del siglo XX, asociadas a las prácticas de las reparaciones en la casa y básicamente como una guía para consumidores. Más tarde, en la década de los cincuenta, la expresión do-it-yourself se puso de moda, conectada siempre con los trabajos de la casa o con la creación de pequeños proyectos creativo-recreacionales. Surgieron así un importante número de publicaciones, como la famosa revista Mecánica Popular donde circulaban anuncios de materiales e instructivos, que mantenían informada a la gente sobre toda clase de técnicas y recomendaciones útiles para hacer o reparar cosas. En la fantástica publicación regular de 1968 – 1972, Whole Earth Catalog: Access to Tools, del escritor norteamericano Stewart Brand, se concentran los discursos de autosuficiencia, educación alternativa, ecología, holismo y por supuesto DIY. Este catálogo sirvió de inspiración en los años setenta de la serie de libros Nomadic Furniture, escritos por James Hennessey y Victor Papanek, con una perspectiva sostenible y práctica del diseño de mobiliario, al mismo tiempo que abriendo nichos de movilidad en ciudades y el consumo general de muebles. En los sesenta, el DIY había ocupado importantes espacios en la cultura de consumo e impactado en los movimientos de contra cultura en Norteamérica y otras partes del mundo.

Esta corriente del hacer, que el diseño ha tomado prestada, donde se involucran y participan personas en la construcción de objetos, es probablemente una de las más difundidas y con mayor aceptación que cualquier otro movimiento ligado al diseño. La cultura del garaje y las poderosas estrategias de comercialización de empresas como Ikea, utilizan la construcción y el ensamblaje en casa como una forma de participación, al mismo tiempo que minimizan los espacios de almacenaje, que impactan directamente en sus costos de operación. ‘Diseñar para que la gente diseñe’ es definitivamente uno de los espacios de trabajo más desafiantes, para quienes ponen en las manos de millones de personas en todo el mundo la posibilidad de participar en la construcción del planeta.

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The Whole Earth Ecolog, 1990. Publicado por J.Balwin. Revista con foco en la ecología e inspirado en Whole Earth Catalog de 1968

 

Este acrónimo, difundido en los medios de forma casi viral, es utilizado también en algunos sectores militares como una manera de enseñar aspectos de responsabilidad a comandantes. Podríamos pensar que el DIY también actúa como una estrategia optimista frente nuestras capacidades como individuos. Una especie de empoderamiento del acto de hacer. Por lo tanto, el DIY tiene sus patas bien puestas en maniobras que no siempre están vinculadas al consumo. Por el contrario, en muchos casos ha surgido de discursos en contra del statu quo y se ve expresado de manera singular en acciones de protesta. Artilugios tridimensionales de rápido ensamblaje, mínima eficiencia y altas dosis de creatividad, han aparecido en escenarios de confrontación en todo el mundo. Durante enfrentamientos que varían en intensidad, violencia y desigualdad de fuerzas, surgen soluciones que se materializan, en el puro estado del DIY, en equipos de protección, contenedores o simplemente soportes físicos para mensajes.

Discursos globales relacionados con aspectos de la sostenibilidad y la protección del ambiente, como el ReCycling y el UpCycling, han creado el terreno propicio para las expresiones personales, algunas como banderas de una postura, otras en forma de soluciones materiales, que en el menor de los casos, sirven de válvulas de escape.

Es muy curioso como grandes conceptos nacidos en otras disciplinas han pasado a ser grandes campos de trabajo en el diseño. Las ideas que hoy conectan personas con objetos se fundamentan en la poderosa noción de las Interfaces, un principio nativo de la informática y que ha servido para entender esa relación que ocupa al diseño. Al mismo tiempo, desde la informática surgen ideas como el ‘software libre’ que abrió el camino para lo que hoy conocemos como Open Design, una manera de romper con el acceso a los medios de producción donde se prima la participación. Pero también, desde ese campo del saber, los hackers han infiltrado en otras disciplinas esa fantástica idea de subvertir el estado de las cosas, como lo hizo el DIY en las protestas de los años sesenta o en el legendario movimiento Punk en Inglaterra.

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Mechanical Dissection Project, 2013. Evan Currie

 

Las mismas estrategias de DIY utilizadas en productos comerciales, donde la participación de la gente es fundamental para el funcionamiento del sistema, parecen tener todo el sentido en proyectos de alta pertinencia social, desde donde se reclaman acciones que abran espacios para la creación, involucrando al individuo y a la comunidad.

No podemos dejar de mirar al DIY como un gran contenedor de conocimiento que recoge la infinita capacidad que tienen las personas de resolver problemas. Pero al mismo tiempo, en las farragosas estrategias del hacer, se cuelan ideas y proyectos que atentan contra los principios fundamentales de la creación de objetos y productos, como el desconocimiento del verdadero impacto en el ambiente de materiales y procesos o el absurdo crecimiento de la cultura material.

Finalmente, no se trata de capitalizar o monopolizar los procesos de creación. Simplemente advertir algunas rutas que debemos seguir en la formación de las nuevas generaciones de diseñadores. Definir de alguna manera el rol de las escuelas de diseño, frente a esa gran avalancha que representa la participación activa de la gente. La innovación ocurre cuando, en los procesos de diseño, se abandonan las posiciones complacientes y se dan respuestas disruptivas.

“El DIY no puede ser una licencia para bajar la guardia en la construcción de un sólido discurso y una solvente práctica profesional del diseño”

 

 

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El DIY. De la protesta al diseño disruptivo
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