Marquina nacía en el año 1921 en Madrid, para convertirse en uno de los precursores del diseño industrial del país, profesión que siempre defendió como una disciplina ligada a la industria pero también al usuario.

“Todo gran maestro en su partida, nos deja su legado en forma de obra y pensamiento. Con él aprendimos a diseñar productos funcionales resueltos siempre de forma racional y fabricados de la mejor manera posible”.- José Manuel Mateo (ozestudi)

Ha recibido críticas y elogios, pero lo cierto es que, hoy por hoy, son pocos los que no consideran el trabajo del diseñador una pieza clave para el desarrollo de la profesión del diseñador industrial.

Marquina, quien estudió en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona, y ejerció una intensa actividad pedagógica en las escuelas de Elisava y Massana, alcanzó su máxima popularidad con uno de sus productos sí, pero trabajó para empresas de muy diversa índole llegando a colaborar con profesionalmente de la talla de Moragas Gallissá, Miguel Milá, el ceramista Cumella, Tous y Fargas, Rafael Leoz, Carlos de Miguel y Josep Mª Sert.

Son varios los productos cuya autoría se le atribuyen, encontrando entre los más cercanos a la fecha productos como la silla Cuboide, construida con hormigón y neumáticos reciclados para Durbanis, y su colección de lámparas diseñada para Pedret Barcelona.

Uno de los últimos proyectos de Rafael Marquina en 2009: “CUBOIDE” Fuente de fotografía: Durbanis

Uno de los últimos proyectos de Rafael Marquina en 2009: “CUBOIDE”
Fuente de fotografía: Durbanis

 

Icono del diseño español: “ACEITERA-VINAGRERA MARQUINA” Autor: Rafael Marquina, 1960

Icono del diseño español: “ACEITERA-VINAGRERA MARQUINA” Autor: Rafael Marquina, 1960

¿Pero, qué es lo que identifica a Rafael Marquina?.

Lo cierto es que, aunque Rafael Marquina pudo diseñar varios productos, y dedicarse a otras áreas como lo fueron la arquitectura, el diseño de interiores, y por último, la escultura, hoy en día, todos lo conocemos por lo mismo: sus aceiteras-vinagreras antigoteo, que recibieron el primer delta de oro en el año 1961 por una asociación en cuya fundación él mismo estuvo involucrado: ADI FAD. Un producto conocido tanto por los que entienden como los que no de diseño industrial, tanto por aquellos que conocen al autor, como por los que no lo hacen. Este hecho, no es debido a lo “malo” de sus otros trabajos, sino a la tremenda perfección que presentan las mismas.

Son pocos los profesionales que alcanzan una popularidad como la que alcanzó Marquina. Una popularidad en la que el propio objeto se identifica con el nombre de su autor. Y es que que Marquina, es considerado, a día de hoy, uno de los padres del diseño industrial del país. La aceitera-vinagrera de Rafael Marquina supone un extraordinario ejercicio que refleja la propia visión del autor sobre la profesión que esta publicación defiende. El producto aúna forma y función dándole sentido al diseño.

“Es un articulo que retrata la personalidad del autor. Un hombre al que le preocupaba sobre todo, el buen funcionamiento de los objetos que le rodean”-Miguel Milá.

 

¿Pero, qué es lo que identifica a Rafael Marquina?.

Rafael Marquina junto a Miguel Milá, en el homenaje realizado por ADI-FAD a aus fundadores

A Marquina nunca le preocupó la parte estética de los productos, sólo las cuestiones prácticas. En el caso de las vinagreras, que no gotearan, que se pudiera ver el color del líquido que contenían, la cantidad que quedaba, etcétera. Él mismo lo afirmaba en una entrevista realizada por el diario “El País”, el 4 de abril del 2010, titulada “lo que funciona se vuelve hermoso”.

“Rafael Marquina nos ha dejado la mejor aceitera de la tierra  y un ejemplo de bondad positiva que tanto añoramos en el acelerado mundo del diseño”.- El Periódico. Juli Capella.

Un artilugio que, casi 60 años después de ser ideado, sigue produciéndose y, lejos de haberse convertido en una pieza de museo, continúa sin nombre sobre los manteles de millares de casas y restaurantes.

“Cuando algo funciona, desaparece, dejamos de verlo, se convierte en un objeto cotidiano anónimo, no necesita ni tener nombre ni evocar a su autor. Ese es, paradójicamente el mayor triunfo del diseño”.- “Rafael Marquina, diseñador de la estirpe de los inventores”

Rafaél Marquina ha logrado esto con su aceitera-vinagrera antigoteo. Un objeto que ya forma parte de la historia del diseño industrial español, junto con la fregona, el palillo, y muchos otros que son ideados y diseñados, más que para responder a cualquier cálculo empresarial, para solucionar las necesidades de los usuarios de a pie de calle.

El propio André Ricard establece, en una entrevista desarrollada por el diario “El periódico”, que el diseño más importante desarrollado en Barcelona es este, precisamente, las vinagreras de Rafael Marquina, creadas en 1961, pero que se han quedado para siempre. Para André Ricard, otro de los reconocidos padres del diseño industrial, las vinagreras presentan un carácter atemporal que no presenta, según él, uno de sus propios productos, el cenicero copenhague.

Rafael Marqina junto a André Ricard. Fuente: Xavier Padrós

Rafael Marqina junto a André Ricard. Fuente: Xavier Padrós

“Algún día dejaremos de fumar, pero no de consumir aceite”.- André Ricard

Rafael Marquina aseguraba para una entrevista que abandonó el diseño porque uno no puede ponerse en contra de la sociedad de consumo. “El mercado necesita cambiar de modelos para fomentar el consumo. Como diseñador no puedo hacer productos por el simple hecho de surtir al mercado, no me parece bien. Cualquier producto que hago obedece al intento, exitoso o no, de mejorar otro anterior. A nadie se le ha ocurrido diseñar de nuevo las agujas de coser, por ejemplo. Las que hay funcionan bien, ¿para qué hacerlas de colores o de otra manera?”

“Si el diseño no responde a una necesidad es una frivolidad. El diseño por el diseño es tan estúpido como el arte por el arte o la belleza por la belleza. La belleza es, con frecuencia relativa”.- Rafael Marquina

Los productos, según Marquina, deben solucionar problemas, mejorar los usos y facilitar el proceso de su propia producción. “El diseñador debe ponerse al servicio de la sociedad y del progreso”.

Y así surgieron las vinagreras de Marquina. El propio autor resolvió uno de sus problemas, como parte de la sociedad que era. Se olvidó de su condición de diseñador industrial y, como cita en el libro “Casos de diseño” en el que André Ricard le invitó a participar, este diseño vino motivado por el descontento del autor con la función del producto:

<<La aceitera podía presumir de la belleza, sin ornamentos de sus productos, que lucían su línea apropiada a su función, faltaba no obstante en su intuitivo y milenario diseño lo que el funcionalismo reinante en el momento histórico que describo tenía, y sigue teniendo a mi criterio, como indispensable en un buen diseño: la perfección de uso. Su forma indicaba, claramente qué servicio se esperaba de ellos, pero su funcionamiento, lo que ahora llamaríamos sus prestaciones, dejaban algo que desear. Esta última consideración me llevó a la decisión de diseñar una aceitera / vinagrera, que además de justificar su existencia con una digna presencia, “explicase” solo con verla para qué servía, y al usarla “funcionara sin ningún inconveniente”. >>

Reflexión Rafael Marquina sobre la concepción de su viagrera/aceitera en “Casos de Diseño” de André Ricard.
de izquierda a derecha: Daniel Giralt-Miracle, Julio Schmit, Joan Antoni Blanc, Yves Zimmermann, Marius Carol, Miguel Milá, Rafel Marquina. André Ricard y Albert Bastardes. Fuente: Xavier Padrós

de izquierda a derecha:
Daniel Giralt-Miracle, Julio Schmit, Joan Antoni Blanc, Yves Zimmermann, Marius Carol, Miguel Milá, Rafel Marquina. André Ricard y Albert Bastardes. Fuente: Xavier Padrós

Un buen análisis del problema, y de la solución planteada por Rafael Marquina la establece el propio André Ricard en su libro “Hitos del diseño” de la Editorial Ariel 209:

<<El problema que solían tener estas vinagreras era que al acabar de verter el aceite era inevitable que una gota se deslizara y goteara dejando un rastro pringoso manchando manos y mantel. Era uno de esos problemas en espera de solución que Marquina ha resuelto rotunda y definitivamente. No es que evite la gota, sino que la atrapa y la reincorpora al recipiente. Como todas las soluciones sensatas, nos parece obvia cuando la vemos resuelta pero era algo con la que había que dar. El frasco es de vidrio boro-silicato con una capacidad de 200cc. Está obturado por un pico vertedor bien calibrado que controla el fluir del aceite y que un collarín cónico arropa. Este collarín no solo recoge el goteo sino que afianza el gesto al asir el frasco. Mediante esta ingeniosa configuración, no solo se resuelve las molestias del goteo sino que además resulta un frasco muy estable y de fácil manejo. Por la excelencia de sus cualidades este diseño es equiparable a los mejores enseres que nos ha legado la artesanía popular. No en balde este diseño se ha beneficiado de la experiencia del saber ancestral de nuestros artesanos. Lo excepcional en este caso es que así como aquellos enseres como el porrón, por ejemplo, fueron el resultado de generaciones de tanteos, esta vinagrera en cambio, es la obra de un único diseñador contemporáneo. >>

La aceitera-vinagrera de Rafael Marquina es posiblemente el modelo más plagiado del mercado. Existen en el mundo, según afirman los expertos, más de un millón de copias fraudulentas de este diseño. Son muchos los que afirman que el propio Marquina coleccionaba estas copias.

“Al ser este un diseño óptimo y unívoco su concepto no resulta ni extrapolable, ni mejorable. En consecuencia lo único que ha generado son innumerables plagios, pues solo se plagia lo que se admira y se es incapaz de superar”.- André Ricard

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Pero el producto que quizás encontremos con mayor frecuencia en las casas de arquitectos y diseñadores no proporcionó tan solo buenos momentos a su creador. Aunque ahora todos estamos de acuerdo en la importancia de este diseño, algunos colegas de profesión no comprendieron su diseño en el momento de su creación, tal vez, porque Marquina se adelantó a su tiempo.  

El propio Marquina establece en “Casos de Diseño“ la siguiente reflexión con la que podemos finalizar este especial, remarcando tal vez, que hay que seguir la aptitud de Marquina y no tener miedo a mostrar nuestras ideas y diseño, pues lo que no le gusta a algunos, puede acabar convirtiéndose en uno de los objetos más apreciados por el resto del mundo:

<<Como punto final y sin ánimo de revancha, me permitiré apuntar dos hechos que pueden enmarcar la trayectoria de este diseño a través de los años. En el congreso del ICSID. del año 1.961, los representantes novatos españoles presentamos en pantalla, a través de diapositivas, nuestros diseños. Algunos de ellos no pasaron nunca de prototipos. No teníamos otra cosa, o nuestra modestia ante los profesionales de reconocida maestría y prestigio mundial, reunidos en el congreso, nos coartó alguna osadía. Pues bien, al aparecer en pantalla mi vinagrera, sonaron algunos silbidos, pocos y no demasiado audibles, que me hirieron profundamente. Seguro que mis compañeros no los oyeron o tuvieron el buen sentido de no comentarlo…<<

“Han pasado casi 60 años para acallar los silbidos y ahora me alegro de haberlos promovido”.

 

Rafael Marquina en el homenaje a los fundadores de ADI-FAD. Fuente: Xavier Padrós

 Pero ¿Quien era realmente Marquina?

Rafael era un tipo esplendido, culto, jovial, educado…

Arquitecto de formación, llegó desde su Madrid natal y siempre fue “un señor de Barcelona”.

Como le pasó a Rimbaud en su poesía, o a Salinger con “El guardián entre el centeno”, a Marquina le pasó algo extraordinario: muy joven, casi a su primer intento, creó la que posiblemente sea la mejor pieza del diseño español hasta la fecha. Pero, a diferencia de estos personajes Marquina era afable, siempre dispuesto a una charla y a departir con los amigos. Era fácil verlo en los actos que organizaba el FAD o las inauguraciones de Vinçon. Verlo departir con unos y otros en los cócteles. Siempre tenía nuevos comentarios a mano para la ocasión. Recuerdo que rozando los ochenta años decidió probar el parapente y contaba, con cara de travieso, que era francamente divertido. O como tras una exposición de piezas suyas, sobre cubos construidos con diferentes materiales recibí un dibujo, que aun conservo, en agradecimiento a mi asistencia a la misma. Le entristecía, no creo que le doliera, que sus vinajeras fueran tan copiadas y no haber recibido el reconocimiento que tal trabajo merece pero se resignaba con elegancia ante una agresión tan insensible.

Yo sin embargo, no me resigno, llevo mal su fenecimiento y no supero no verlo en las actividades de diseño que ocurren en Barcelona. No pude leer la esquela de Rafael Marquina. No fui a su funeral, ni al entierro. Tampoco pude darle el pésame a sus encantadoras hijas, no comento nada sobres su deceso… Rafael Marquina sigue muy presente en mi vida y sus vinagreras me lo recuerdan cada día en las comidas o cenas, justo en el centro de la mesa.

Quim Larrea (Presidente de Surgenia)

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