NURIA_RodríguezNuria Rodríguez es Directora del Departamento de Historia del Arte de la Universidad de Málaga. Responsable del área de Historia del Arte en la Escuela Politécnica Superior. Diseñó y coordinó desde su implantación la asignatura de Estética y Diseño Industrial en el título de Ingeniería Técnica en Diseño Industrial de la Universidad de Málaga. Asimismo, diseñó las asignaturas de Teoría y Estética del Diseño Industrial y Desarrollos histórico-culturales del diseño industrial en el nuevo Grado de Diseño y Desarrollo de Producto. Es autora, entro otros textos, del Manual de Teoría y Estética del Diseño Industrial (Málaga, 2001) y el número monográfico de la revista Tradición & Modernidad en la cultura contemporánea (Universidad de Granada, 2010) dedicado a Estética y Diseño.

En esta ocasión, Nuria Rodríguez colaborará con nosotros para realizar la reseña del nuevo libro Isabel Campi: “La historia y las teorías historiográficas del diseño”

 

Isabel Campi (1951-), uno de los nombres referenciales cuando se habla de diseño y de historia del diseño en España, acaba de cuajar un texto que todos los que nos interesamos por esta disciplina necesitábamos desde hacía tiempo. Quiero indicar que los párrafos que siguen a continuación no constituyen una reseña, recensión o resumen del libro de Isabel Campi en sentido estricto, sino un conjunto de reflexiones personales surgidas al hilo de su lectura que quiero compartir con mis estudiantes de diseño –y, por supuesto, con todos aquellos que tengan la paciencia de leerlas-.

Como la propia Isabel Campi así especifica, La historia y las teorías historiográficas del diseño –título del libro- no es un relato sobre el diseño, sino un metarrelato, esto es, un texto que explica la pluralidad de relatos que sobre el diseño se han ido elaborando desde la pasada centuria. En otras palabras: es un texto que nos habla sobre los distintos modos que los historiadores y diseñadores han empleado para contar su historia, y sobre las condiciones sociales, culturales, económicas e ideológicas que han subyacido a tales planteamientos historiográficos.  En definitiva, La historia y las teorías historiográficas del diseño  es un libro que nos ayuda a comprender el diseño y su historia como construcción social, política y cultural a través de sus textos fundamentales.  Tomar de base la idea posmoderna de que la historia es una construcción particular que se materializa en una narrativa determinada, y que, por tanto, necesita entenderse en términos de pluralidad,   no es nueva, pero sí puede ser sumamente útil para los estudiantes y jóvenes investigadores, que no siempre llegan a tener muy claro que la historia hace tiempo que dejó de ser ‘el’ relato ‘objetivo’ del desenvolvimiento ‘natural’ de los hechos y acontecimientos.  

Toda tendencia historiográfica –el modo como construimos la historia- remite a una determinada conceptualización sobre el diseño, su ubicación en el mundo y sus relaciones con otros artefactos y disciplinas. Por tanto, hablar de construcciones historiográficas, como hace este libro, es también hablar de las distintas concepciones que sobre el diseño se han ido sucediendo o superponiendo a lo largo de los siglos XX y XXI. Así pues, resulta que este libro no es solo un libro sobre historias del diseño, sino que lo es, fundamentalmente, sobre conceptos e ideas, y sobre cómo estos se han materializado en una pluralidad de relatos sobre el diseño y su devenir.  

Asimismo, si seguimos la idea foucaultiana de que una disciplina no es más que el conjunto de sus discursos escritos, en los que se modela nuestro conocimiento sobre las cosas,  lo que Isabel Campi nos ofrece es, además, un profundo análisis de la conformación y desarrollo de la historia del diseño en cuanto campo disciplinar, y del porqué conocemos el diseño del modo como lo hacemos hoy.

Imagen perteneciente al I Congreso “Esto Es Diseño Industrial” celebrado en Málaga el año pasado donde se quiso profundizar con sus talleres y ponencias que era el diseño industral y diferenciarlos de otras materias como pueden ser el arte o arquitectura.

Imagen perteneciente al I Congreso “Esto Es Diseño Industrial” celebrado en Málaga el año pasado donde se quiso profundizar con sus talleres y ponencias que era el diseño industral y diferenciarlos de otras materias como pueden ser el arte o arquitectura.

Escrito con un estilo directo y sin afectaciones discursivas, no se oculta que los lectores que Isabel Campi tiene principalmente en mente son los estudiantes y los jóvenes investigadores que se inician en la disciplina. El libro parte, en este sentido, de un planteamiento esencial: la mejor comprensión de las construcciones historiográficas fundamenta una mejor comprensión de la profesión, facilita el desarrollo de un espíritu crítico y consolida las estructuras sobre las que se asentará la futura actividad profesional; una actividad profesional que supondrá  no solo tomar decisiones de tipo metodológico o proyectual, sino también decisiones de carácter epistemológico –toda decisión de diseño implica una determinada concepción sobre este- y ético.  Es cierto que el debate sobre si la historia del diseño es útil solo para los estudiosos del diseño o si también lo es para sus profesionales flota de una manera recurrente en todo el escrito, sin que se adopte una postura explícita al respecto, pero yo me atrevería a decir que Isabel Campi se alinea con esta última opción.

De hecho, el componente ético que debe regir la profesión y el papel que al respecto puede/debe desempeñar la historia del diseño se encuentra muy presente a lo largo de las páginas de este libro. El texto comienza  con una breve reflexión sobre el concepto en sí de ‘historia’, en cuanto forma y modalidad del conocimiento, haciendo especial hincapié –como he indicado- en las reformulaciones posmodernas de la historia como construcción, narrativa y relato.  Pero  esta primera reflexión se torna más trascendente, para convertirse en una auténtica declaración sobre la responsabilidad ética del historiador, en cuanto agente capaz de “mejorar el grado de conciencia crítica de todos los agentes implicados en la producción del diseño” (p. 28); y por tanto, capaz también de “cubrir el peligro de que estos agentes trabajen en el vacío ideológico y acaben siendo simples instrumentos del mercado” (p. 29). Bajo mi punto de vista, es aquí donde reside el valor más significativo de este primera parte –y quizá de todo el libro-, pues da un sentido y una razón de ser a la historia del diseño más allá de la elaboración de teorías y relatos explicativos; y ofrece un argumento convincente y contundente para que los estudiantes y jóvenes investigadores se interesen por ella.

Pero no nos engañemos; el texto de Isabel Campi no es un manual para estudiantes, aunque a primera vista así pueda pensarse y aunque a este fin pueda servir.  A través del análisis de la historia y las teorías historiográficas, Isabel Campi aborda los debates más complejos y críticos que atañen contemporáneamente al diseño, desde las ambigüedades en su definición, hasta el papel que este debe jugar en el desarrollo social, económico y cultural de los territorios.  

En este sentido, yo les pediría a mis estudiantes que, sin menoscabo del conocimiento sobre las teorías y las construcciones historiográficas que puedan derivar de este libro, estuviesen atentos a las siguientes líneas de pensamiento.

Ya he subrayado lo que considero más relevante de la primera parte del libro, pero aún me gustaría indicar dos cuestiones más.  Primero, la cualidad discursiva del conocimiento, a la que la idea posmoderna de la historia como elaboración plural contextualmente condicionada nos confronta, obligándonos a formular esta pregunta:  de qué modo lo que conocemos de las cosas, y en este caso, lo que conocemos del diseño, está históricamente construido y culturalmente mediado.  Nos advierte, además, de que no basta con contar el relato, sino que es necesario indagar también en las condiciones que lo configuran y en los discursos que subyacen a ellos: hay que preguntarse, pues, por qué se cuenta lo que se cuenta y por qué se realiza de un determinado modo.

Segundo, la pluralidad de los distintos planteamientos sobre el diseño nos previene del pensamiento dogmático y de los criterios absolutos.  Este punto de vista Nos hace ser más sensibles al  carácter relativo de lo que conocemos de un modo determinado, y nos exige realizar un esfuerzo para buscar otras ‘maneras’ de conocer; otras maneras que sean capaces de ofrecernos, en su conjunto, una visión más compleja de la realidad; lo cual no es más que la realidad vista simultáneamente desde una multiplicidad de puntos de vista diversos.

La segunda parte, que en realidad constituye el cuerpo central de todo el libro, aborda las teorías historiográficas propiamente dichas, que Isabel Campi va desgranando en secuencia cronológica, al mismo tiempo que afronta aspectos fundamentales de la concepción del diseño y articula las principales líneas de debate que han regido su pensamiento.  Del amplio abanico de cuestiones que podemos encontrar en el texto, a mí me gustaría destacar las siguientes.

En primer lugar, un asunto sobre el que considero fundamental reflexionar:  el carácter poligenético del diseño, o lo que es lo mismo, la necesidad de pensar que la historia del diseño no tiene un único origen, sino una pluralidad de ellos, configurándose, en cada caso, de un modo diferente. Utiliza, aquí, Isabel Campi, las tesis de Anna Calvera, quien establece tres posibles orígenes en virtud del concepto de diseño que imperó en cada caso.  A mi modo de ver, este punto de vista es esencial: por una parte, para relativizar el concepto de ‘genealogía’ como instrumento clave en la configuración  de la narrativa de la historia. La genealogía es el instrumento narrativo que nos permite hilar un desenvolvimiento continuado desde un punto inicial; de ahí la obsesión del historiador de buscar siempre el ‘momentum’ primero, aquel del cual arranca todo lo demás.  Sin embargo, esto no es más que un artificio epistémico cuyo objetivo es imponer un orden racional al carácter heterogéneo, diverso y múltiple de la realidad; circunstancia a  la que debemos unir la cuota de poder que un determinado orden genealógico es capaz de atribuir a los ‘padres’ fundadores –curiosamente, siempre padres y no madres- y a sus nacionalidades.

Por otra parte, y dado que estamos hablando de la configuración de un campo disciplinar –la historia del diseño-, es inexcusable tratar el tema de sus límites: qué es lo que forma parte de su campo de investigación y qué no; lo cual, lógicamente, en el contexto que nos ocupa, implica preguntarse qué es diseño y qué no lo es. Esta pregunta representa un problema epistemológico de primer orden.  Dado que el objetivo de este libro no es desarrollar un pensamiento teórico per sé sobre el diseño, no hay ninguna disquisición o definición estipulativa al respecto. No obstante, bajo mi punto de vista es mucho más interesante la reflexión que nos propone sobre los puntos de confluencia e interferencias con otros artefactos culturales  –objetos artísticos, artesanía, materiales etnográficos- y disciplinas –historia del arte, estudios culturales, etnografía, arqueología…- , pues creo que  la definición de un campo disciplinar no depende tanto de lo que está dentro de los límites sino de lo que se encuentra en las bordes fronterizos, en los espacios de convergencias.

la pregunta sobre qué es diseño y qué no lo es también constituye un  problema de construcción cultural y de legimitación institucional, cuyo desvelamiento el historiador debe afrontar como parte de su tarea.  Y esto es evidente cuando observamos cómo los paradigmas intelectuales y el canon establecido sobre la idea de ‘buen diseño’ marcó durante una parte del siglo XX las delimitaciones  sobre lo que debía acogerse bajo tal categoría.  En este sentido, hay que reflexionar también sobre las influencias ejercidas por las exposiciones museísticas y por la propia constitución de las colecciones de los museos,  puesto que al actuar estos como discursos legitimadores, la categoría de diseño va adaptándose en virtud de lo que incluyan en sus colecciones o en sus exposiciones.

Por lo que concierne a las teorías historiográficas propiamente dichas y al devenir de la historia del diseño, Isabel Campi sigue el relato trazado por Tevfik Balcioglu (1999), para quien la historia del diseño es la historia de un proceso de independencia y de elaboración de su propia identidad: desde  sus orígenes simbióticos con la historia del arte, con el paradigmático libro de Pioneros del diseño moderno de Nikolaus Pevsner (Londres, Faber&Faber, 1936)  como punto de arranque, hasta la situación actual, teniendo dos momentos clave:  la emergencia de las tendencias historiográficas centradas en el consumo y la cultura de masas, que Campi describe como una respuesta liberadora a la dependencia de la historia del arte; y el estudio de Dilnot de 1984 (“The State of Design History I: Mapping the Field” y “The State of Design History II: Problems and Possibilities”, Design Issues, n. 1 y 2), en el que el autor realizaba un estado de la cuestión y lanzaba algunas preguntas fundamentales sobre el ser de la historia del diseño, iniciando así un proceso de autorreflexión y autoconsciencia crítica.   En realidad, este es un relato al uso, pues la constitución de todo campo disciplinar pasa por la necesidad de legitimar y afirmar su independencia respecto de otros esquemas intelectuales y disciplinares,  y establecer sus propio aparato teórico y epistemológico con conciencia de sí.

 

Parte del friso realizado por Gustav Klimt para el Palacio Stoclet de Bruselas de Josef Hoffmann. El Palacio Stoclet es uno de los ejemplos mas representativos de Gesamtkunstwerk o “Obra de arte total” donde se integraban arquitectura, arte y artesania.

Parte del friso realizado por Gustav Klimt para el Palacio Stoclet de Bruselas de Josef Hoffmann. El Palacio Stoclet es uno de los ejemplos mas representativos de Gesamtkunstwerk o “Obra de arte total” donde se integraban arquitectura, arte y artesania.

En este proceso, encontramos algunas cuestiones importantes: una de ellas,  la incorporación de las teorías feministas al pensamiento sobre el diseño,  que trajo consigo  el ‘descubrimiento’ de nuevos paradigmas estéticos y profesionales, y la reformulación de los espacios y los objetos como lugares de construcción, negociación, diálogo o conflicto de los sexos.

Otra de ellas, la revisión del debate centro-periferia, un esquema de pensamiento que de manera inevitable sitúa determinados contextos territoriales y/o culturales en un lugar de subordinación respecto de otros.  El esquema centro-periferia es nuevamente una estructura de poder, una construcción cultural.  El centro-periferia no es una realidad geográfica  –como sí lo es el eje Norte-Sur-, porque para que este esquema  exista alguien tiene que determinar cuál es y dónde está el centro, y por qué lo es.  Desde el punto de vista historiográfico y disciplinar, el eje centro-periferia implica la supremacía de unos determinados esquemas intelectuales y metodologías de trabajo procedentes de los países dominantes (los que están en el centro), que en el caso de la historia del diseño –como en casi todas las disciplinas- es irremediablemente anglosajón.  Su desarticulación implica pensar que las periferias tienen un potencial en sí mismas, basado en su diferencia y singularidadrespecto del centro.  Implica una reevaluación y reformulación de los hasta hace poco denostados estudios locales.  Ahora interesa centrar la  su atención en las singularidades de determinados contextos con un objetivo dual: ponerlos en confrontación con las otras dinámicas culturales, e indagar en los modelos culturales propios, con capacidad para  dialogar en igualdad de condiciones y en un espacio común con el resto de los contextos territoriales, culturales o nacionales.  En este sentido, Isabel Campi referencia con toda justicia la labor pionera desarrollada en España por Anna Calvera, cuya principal referencia es el libro editado junto con Mique Mallol Historiar desde la periferia: Historia e historias del diseño, las actas que recogen las comunicaciones presentadas a la 1º Reunión Científica Internacional de Historiadores y Estudiosos del Diseño que se celebró en 1999 en Barcelona.

La revisión del debate centro-perifiera no puede desvincularse  de otra de las reconceptualizaciones más interesantes que se está produciendo en la actualidad -y no solo en el campo de la historia del diseño-: la nueva configuración de mapa mundial. La posibilidad de percibir el mundo en su completud  nos permite entenderlo como un todo, donde los acontecimientos se suceden paralela y simultáneamente…, y por tanto nos empuja a desarrollar una mirada global. Esto no significa, como a veces se ha entendido erróneamente, abandonar los estudios occidentales o europeos para lanzarse al análisis de los contextos ‘otros’ –en los que, a la postre, siempre subyace un punto de curiosidad exótica-, sino entender lo occidental como parte de un contexto mayor en el que coocurren otros cánones, paradigmas, modelos, visiones, etc.,  que coexisten, conviven, se influyen o interfieren.

Así pues, el texto de Isabel Campi interpela la conciencia crítica y nos obliga a hacernos algunas preguntas fundamentales que trascienden la materia concreta del diseño. La historia y las teorías historiográficas del diseño es un libro que aborda todo un conjunto de problemas que son los que conciernen a la configuración de nuestro mundo actual, y que son los que, desde diversas perspectivas, preocupan al  pensamiento crítico y filosófico contemporáneo.

 

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