Autor: Inmaculada Nuñoz

Autora: Inmaculada Muñoz. Diseñadora industrial

Estudió Ingeniería Técnica en Diseño Industrial en la Escuela Universitaria Politécnica de la Universidad de Málaga. Como proyecto de fin de carrera, es seleccionada para rediseñar un museo dedicado a la aviación: el Aeromuseo de Málaga, un reto que abría una insólita área de trabajo. Lo que comenzó como una idea abstracta se convirtió en un proyecto virtual que logró convencer al equipo del museo, donde se integró laboralmente y formó una nueva área de trabajo dedicada al diseño.

Continuó su formación y estudió Publicidad y Relaciones Públicas, que le ayudó a situarse en el punto de vista del público en los museos. Posteriormente realizó el Máster de Museología de la Universidad de Granada, donde perfeccionó las áreas del diseño relacionadas directamente con la museografía y se formó en otras nuevas como conservación y educación en Museos.

Inmaculada Muñoz, diseñadora industrial en el Aeromuseo de Málaga. El área de diseño del Aeromuseo de Málaga está activa desde hace nueve años y actualmente sigue colaborando en la ampliación del museo. Ha compaginado este trabajo con el diseño de exposiciones temporales y con la colaboración en otros museos como el Museo de Lucena o el Museo del Vino de Málaga.

“Como diseñadora industrial, no esperaba encontrar mi destino profesional en un museo, quizá más asociado con las disciplinas de historia, arqueología o historia del arte. Una vez inmersa en este mundo, veo que el diseño industrial es cada vez más necesario en la museología, especialmente en los proyectos museográficos actuales, donde nuestro empeño en combinar funcionalidad y estética, se aplica para conseguir que la exposición aumente su atractivo”.

 

Es común entre los creadores enfrentarse a la hoja, el lienzo o la pantalla de ordenador en blanco. En las exposiciones, el diseñador se encuentra frente al desafío de la sala vacía. ¿Qué colección se va a exponer? ¿qué queremos transmitir? ¿cómo lo podemos lograr? Un reto en continua evolución y que se renueva en cada nueva exposición.

A pesar de ser muy joven, la museología ha evolucionado mucho en los últimos años. Lejos quedan las salas inundadas de piezas, la necesidad de mostrar toda la colección y la tendencia a orientar la exposición al público más experto en la materia. La museografía actual convierte al visitante del museo en el protagonista, y al museo en un lugar que despierta nuevas inquietudes y que le involucra en el aprendizaje. El museo ya no quiere mostrar, quiere transmitir, y el diseñador industrial tiene mucho que aportar para lograrlo.

 “Cuéntame algo y lo olvidaré, muéstramelo y conseguiré recordarlo, involúcrame en ello y entonces, lo comprenderé”. Confucio

 

En el equipo de trabajo del Aeromuseo, vivimos también esa evolución en nuestras salas. Al depender de las donaciones, el Museo ha pasado por una etapa inicial de acumulación, le ha seguido una de saturación, y actualmente pretendemos conseguir la selección de piezas destacadas. Al pertenecer a un equipo reducido, en el que todos debemos apoyar cualquier área, todos nos situamos en algún momento en atención directa al espectador. Esto nos facilita la siempre buscada retroalimentación del usuario final cuando se encuentra ante el producto diseñado, percibir la reacción del ‘cliente’ y seguir adaptando el producto una y otra vez a sus necesidades. Destaca la impresión, tras la visita de los menores de edad, que poco o nada disimulan su satisfacción o reembolso, y sinceran su impresión final.

Toca el pasado

Al igual que cualquier producto en el mercado, se comprobó que el Museo tenía también su público potencial. Los elementos principales de la colección son piezas aeronáuticas con un alto carácter funcional y, aparentemente, poco estético. Observamos que acudían principalmente varones que ya tenían una afición previa a la aviación, aunque eso sí, disfrutaban como niños. Pero, ¿qué ocurre con los acompañantes que no saben qué están viendo aunque le digas de qué se trata? Nuestra línea de trabajo se enfoca a conseguir un museo en el que disfruten todos ¿Cómo podríamos contagiar esa emoción del experto al público general? Mientras el equipo avanzaba hacia la accesibilidad universal, descubrimos que ciertas áreas podían no estar bien enfocadas. Solo un piloto o un ingeniero aeronáutico pueden interpretar un mapa de aerovías sin una museografía que lo haga accesible. El diseño industrial  aporta esa necesaria ‘traducción simultánea’ para que los objetos se disfruten por todos los públicos y evitar que el visitante se sienta examinado por el museo.  Aquí comenzó un estudiado diseño de elementos expositivos, que incluyó la redistribución de piezas en el espacio, la incorporación de elementos interactivos, cambios en la iluminación o el diseño de cartelería; en definitiva, un cambio en la estética y la accesibilidad.

Sin perder el hilo principal aeronáutico, estos cambios trajeron consigo varios discursos orientados a temas relacionados, como el turismo, la historia o el aprendizaje de la tecnología mediante la experimentación del visitante, lo que atrajo a su vez a un público cada más variado.

Comprobamos que no es lo mismo hacer una vitrina perfecta para una caja negra que convertirla en un elemento interactivo, invitando a descubrir los secretos que esconde esta pieza en su interior. En casos como este, el diseñador debe buscar un soporte adecuado, ergonómicamente adaptado a todos los públicos, sin olvidar la accesibilidad intelectual, realizando unas claras instrucciones de manejo que, en este caso, se tradujo en una cartelería que de manera visual lo explicaba y lo hacía comprensible hasta para un niño, titulada: ¿Cómo abrir una caja negra en tres sencillos pasos?

Las nuevas incorporaciones de profesionales con conocimiento de diseño a la plantilla de un museo, permiten agilizar la creación de una exposición dinámica y un museo vivo, para que el público que vuelve no tenga la sensación de que ‘esto ya lo he visto’. Además, las exposiciones temporales o la incorporación de nuevas donaciones, también implican que los espacios expositivos estén en continuo cambio y evolución.

Expositor en el suelo del avión Convair 440.

Expositor en el suelo del avión Convair 440.

Igual ocurre con el diseño de los soportes expositivos en los que las piezas se muestran en su distribución final antes de construir una vitrina, o con los programas de cálculo de iluminación, que permiten hacer un estudio previo a la adquisición de luminarias.

Cuando a la exposición se le destina un buen presupuesto, se pueden diseñar soportes desde la nada, adaptados específicamente a las necesidades de cada caso. Pero nuestro reto más habitual y más divertido es el reciclaje. En el almacén del museo se guardan una gran diversidad de materiales a los que en algún momento le vimos cierto potencial como soporte expositivo o que nos sirven para experimentar. En cualquier caso, los conocimientos en materiales que aporta el diseñador, como la resistencia al peso, a los cambios de temperatura o humedad, o su reacción con otros materiales, son indispensables para la conservación preventiva de las piezas expuestas, un aspecto clave cuando se trabaja con una colección.

En nuestro afán por experimentar con materiales, también se incluyen los elementos de cartelería. Año tras año hemos ido abandonando los servicios externos y actualmente tenemos un laboratorio de imagen. Una imprenta propia permite acomodar los equipos y los materiales a las necesidades de las salas, y su bajo coste nos ayuda en la experimentación y facilita la renovación.

Uno de nuestros mayores desafíos fue la adaptación de un interior de avión como sala de exposiciones. El público espera ver una fila de asientos al entrar, pero en este caso nos llegó vacío. Para compensarlo, había que mostrar una alternativa que mejorara el cambio. Invitamos a los visitantes a ver los mecanismos del avión colocando la mitad del suelo de cristal para que mostrase el interior. A la parte técnica le incorporamos la encantadora imagen de la publicidad de los años cincuenta y sesenta con reproducciones de publicidad, maletas abiertas con ropa de época y postales antiguas. La música acompañaba el ambiente.

Simulación de avión sobre rotonda previa al traslado. Montaje fotográfico con medidas reales.

Simulación de avión sobre rotonda previa al traslado. Montaje fotográfico con medidas reales.

Otro reto fue convertir piezas originales en interactivas. Un magnetín de lanzamiento para arrancar un avión salió de la vitrina para ejercitar los músculos de los visitantes, tal como se hacía antiguamente cuando el piloto arrancaba sus aviones. Se consigue reutilizar la maquinaria original para obtener de ella un uso lúdico y didáctico.

Una de las actividades más divertidas de nuestro trabajo es salir en busca de inspiración. En este mundo tenemos la ventaja de no encontrar competencia, sino un apoyo incondicional de unos museos a otros, porque estamos convencidos de que la cultura llama a la cultura. Hace mucho que no vemos un museo como la gente habitual, nosotros ya no nos fijamos en la colección, nos fijamos en los soportes, las vitrinas, la iluminación, las fijaciones a la pared, los elementos interactivos… desde el comienzo hemos buscado técnicas para poder aplicarlas también nosotros. Un momento emocionante fue cuando vimos a otro experto museólogo copiar algo que habíamos ideado nosotros. Defendemos ese código abierto y consideramos un orgullo ser copiado por otros.

Esperamos que esta corriente de hacer un objeto de exposición accesible al usuario se siga extendiendo mediante el desarrollo de diseños basados en la armonía entre estética y funcionalidad, entre la conservación de la pieza y la accesibilidad e interacción del público.

 

Contácta con Inmaculada vía twitter

El desafío de la sala vacía
Ayudanos a mejorar. Dinos que te ha parecido este artículo. Desliza la barra inferior para indicarnos la puntuación que crees merece el autor con la redacción de éste artículo. ¡Gracias por participar!
7.5Nota Final
Puntaje De Lectores: (7 Votos)
7.7

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.